Paraíso: Amor

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Breve descripción:

Una mujer cincuentona quiere ser "feliz" y para lograrlo viaja a Kenia en busca del amor.

Autor:

Silvia García
Ulrich Siedl, cineasta austriaco, es magistral a la hora de mostrar la existencia humana en todas sus formas. Y es con su poema audiovisual Paraíso, que el realizador se supera a sí mismo en su propio lenguaje.

Amor es el primer título de la trilogía, donde conocemos a Teresa, voluptuosa cincuentona, quien busca la felicidad a toda costa. Por sobre su existencia monótona, su andar bamboleante y su arisca hija, ella quiere ser feliz. Teresa cree, como muchos, que la felicidad es un estado permanente, y que el amor es el ingrediente imprescindible para lograrla. Influida por las experiencias de su mejor amiga, cree que encontrará el amor en el sueño erótico del semental de ébano africano. El que su cuerpo rebase de curvas las ropas, y los años su calendario no son impedimento para regalarse un viaje a Kenia, partícula africana en medio del mar del placer.

La historia de una mujer madura que compra el amor, ya ha sido llevada al cine en diferentes formas. Ahí tenemos a la elegante Vivien Leigh y la sensual Helen Mirren en las dos versiones de “The Roman Spring of Mrs. Stone”, o la enigmática Charlotte Rampling en “Heading South”, pero Paraiso: Amor destaca por sobre las anteriores justamente por la osadía de Siedl, quien no tiene reparos en mostrar  a su protagonista despojada  de cualquier ápice de glamour y exponer su desnudez, interna y externa, sin contemplaciones, sin compasión, sin filtros.

Superada su inseguridad inicial, manifiesta en un primer y fallido intento de encuentro con un joven llamado Gabriel; Teresa acepta las atenciones de Munga, quien a diferencia del acercamiento sexual agresivo que parece ser un permanente de sus compatriotas, mantiene un atento, pero cortés interés por ella. La delicadeza del africano, quien le asegura ha empezado a amarla, surte un efecto inmediato en Teresa, quien se entrega a ese enamoramiento sin medidas. La transacción monetaria es disfrazada a partir de un tercero, pues Munga nunca recibe dinero directamente, sino que lleva a Teresa a diferentes familiares que necesitan ayuda económica, cobrando de una manera menos indigna los servicios prestados.

El pausado ritmo de la película, cargado de escenas estáticas que parecen interminables  es un claro contraste con la agitación interna que Teresa experimenta, y el arco dramático es una lección en la construcción de un personaje complejo. Teresa, a partir de su pseudo relación con Munga, se lanza a un vacío existencial, donde la dignidad, tanto personal como del otro, desaparece, y llegamos a dudar de quién coloniza a quién.La sucesión de escenas magistrales por la incomodidad que generan, como la visita que Teresa realiza a una escuela donde fotografía niños claramente necesitados, como si fuesen exóticas muestras del paisaje, o la decadente y humillante semi orgía hacia el final del filme, demuestra la poca consideración que Siedl siente tanto por sus personajes como por el público.

La técnica de un guión apenas visible, la mezcla de actores profesionales con amateurs, liderados por una impecable y magistral Margarethe Tiesel, aunado la libertad de la improvisación que fomenta Siedl, hace de sus películas, y de Paraíso: Amor, un viaje que realizamos no sin cierta incomodidad, y en su maestría, el cineasta austriaco,  nos satura de escenas densas y decadentes, cargando al espectador de repulsión, pero al mismo tiempo resultando imposible apartar la mirada de la pantalla.